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Juan 14


Jesús está celebrando la pascua, la última cena con sus discípulos.

Jesús vuelve a recordarles que va a partir, que va a morir.

En unas horas, Jesús sería arrestado y juzgado injustamente, para ser condenado a morir en una cruz.

Los discípulos no entienden a pesar de las explicaciones que les da Jesús.

Sienten abandono, incapacidad e impotencia.

Abandono porque Jesús les ha dicho que se va a ir.

Incapacidad porque reconocen ser débiles, pecadores.

Impotencia porque saben que no tienen el poder para realizar la misión a la que Jesús les ha llamado.

Pero Jesús les dice con claridad:

»No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.

No sólo eso, les da certeza:

Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.

Jesús no los está abandonando. Se irá por un tiempo. Debe completar su misión en la tierra y luego en el cielo.

Jesús anuncia que regresará. No hay abandono. No debe haber temor.

Además, Jesús les da su ubicación:

Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí

Jesús nos dice también a nosotros, con claridad, que Él está con el Padre y nos da sus ubicación, sus coordenadas:

LATITUD (horizontal) CAMINO

LONGITUD (horizontal) VERDAD

ALTITUD (vertical) VIDA

Estas georeferencias no tienen como base el centro de la tierra, sino el cielo mismo: JESÚS

No estamos solos.

Jesús prometió regresar por nosotros, escuchar y responder nuestras oraciones.

Jesús nos presentó a un Compañero, alguien como Él, de su misma naturaleza, un Abogado, un Consejero, alguien que durante todo el tiempo de su ausencia supliría su presencia: El Espíritu Santo.

Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes.

A todos un día nos cae la noche, como a Jesús y los discípulos.

Cuando menos esperamos, nos suceden cosas y nos damos cuenta que estamos camino a nuestro personal calvario, camino a la cruz.

Así como los discipulos, hemos experimentado a Dios, a través de su Palabra.

Tenemos momentos preciosos donde anhelamos entregarnos a Él por completo.

Pero, cuando llega la noche, cuando todo se pone difícil.

¿Cuál es mi motivación, cuando la vida esta desafiando mi devoción a Dios?

Cuando la angustia y miedo se convierte en un mar embravecido de emociones en nuestro corazón debemos recordar que Jesús nos regaló al creer en Él.

Seguridad de nuestro destino eterno: El cielo.

Seguridad de nuestro presente: Un camino.

Seguridad de una comunión con Dios: Oraciones respondidas.

Seguridad de tener a Jesús siempre: El Espíritu Santo.

Aquí el resumen:

Un futuro seguro.

Un presente claro.

Un pasado resuelto.

Dios con nosotros.

Dios en nosotros.

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