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Jueces 16:4-31

Nos quedamos pensando ¿por qué los filisteos y los israelitas estaban en guerra?

Dios le hizo una promesa a Abraham de darle un gran territorio a la nación que surgiera de él.

En su tiempo, Josué inició la conquista del territorio. Con la ayuda de Dios, tomaron posesión de una gran extensión de tierra pero no lograron conquistarla toda.

Uno de esos pueblos que no lograron derrotar fueron los filisteos.

“El SEÑOR dejó a ciertas naciones en la tierra para poner a prueba a los israelitas que no habían conocido las guerras de Canaán.” Jueces 3:1 NTV

El pueblo de Israel debía ser fiel a Dios, mantenerse en los términos del pacto; de eso dependía la fuerza para vencer a cualquier enemigo.

Comenzaron los vaivenes: Cuando Israel confiaba en Dios y vivía en el pacto, vencían; pero cuando dejaban a Dios e iban en pos de los ídolos, eran derrotados.

El pueblo clamaba a Dios y Dios los escuchaba y levantaba a una persona para librarlos.

Así, muchas veces…

Bueno, pues, entre estos dos pueblos hubo una larga historia de rivalidad que llega a su climax, unos 16 años, aproximadamente, antes de que el arca del pacto fuera capturada por los filisteos.

Sansón, surge en un momento de dominación filistea sobre Israel. Con su fuerza sobrenatural fue el azote de los filisteos, los tenía a raya.

Así, el pueblo de Israel tuvo una temporada de dominio sobre ellos.

Pero los gobernantes filisteos aprovecharon la debilidad de Sansón: las mujeres.

Sansón se enamoró de Dalila, una mujer filistea que es contratada por los gobernantes de esa nación para descubrir el secreto de su fuerza sobrenatural.

Después de varios intentos y que demuestran la simpleza de este personaje, revela su secreto: su cabello, no debía cortarse.

Sansón es sorprendido dormido, rapado por Dalila y capturado; luego, le sacaron los ojos y cual bestia de carga es puesto a moler grano en la prisión.

Llegado el día, los filisteos celebraron una fiesta en su templo, adorando a sus dioses. Ahí estaba reunida la clase política de los filisteos (tres mil personas) quienes al perder la sobriedad pidieron traer a Sansón como entretenimiento.

La oportunidad se presentó: Con sus manos Sansón derrumbó el templo y murieron todos los presentes.

Un dicho viejo dice “no te metas con Sansón a las patadas”

Pero este pasaje nos deja ver la real condición de Sansón.

Su fuerza no estaba en sus músculos, no estaba en su largo pelo; su fuerza estaba en Dios.

En su necedad Sansón se entregó a su pasión sin control y padeció las consecuencias.

En el peor estado de su vida, arruinado, clamó a Dios:

“SEÑOR Soberano, acuérdate de mí otra vez. Oh Dios, te ruego que me fortalezcas solo una vez más…».”

El trazo de la redención nos lleva a una espiral de decadencia del pueblo de Israel.

La vida de Sansón representa la vida del pueblo de Israel; es una manera en que Dios llama al arrepentimiento a su pueblo que tanto ama, en un etapa de corrupción moral y espiritual.

¿Cuál es la salida?

Regresar a Dios y clamar con todo el corazón.

A nivel personal,

¿Cuál crees que es tu fortaleza?

¿Cuál crees que es tu debilidad?

El origen de tu fuerza no está en la capacidad que tienes para lograr cosas que pueden parecer imposibles; lo mismo para lo que consideres tu debilidad, lo que sientes que te ha arruinado y no te deja avanzar.

La victoria está en la redención, en la gracia, en volver a Dios.

Cualquiera que sea lo que esté pesando más en este momento de tu vida (fortaleza o debilidad) no dejes de clamar a Dios.

Aquí el resumen:

Fuerza

Seducción

Debilidad

Ceguera

Clamor

Dios no olvida…

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