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En tiempos de angustia, leer


Mientras estaba sentado en la mesa, frente a mi iPad para seguir escribiendo, preparando mi clase, mi perro, ladró – el presagio del movimiento. Cuarenta segundos después comenzó todo a moverse, como nunca antes había visto ni sentido.

Durante el sismo del 85, me encontraba en la secundaria, pero el temblor no me impresiono, fue muy leve en comparación de este. Me costaba trabajo pensar que ese leve movimiento hubiera destruido la ciudad.

Pero regresando al presente, esos segundos fueron impactantes para mí y mis hijos.

El primer impulso es “ya no quiero vivir aquí, buscaré otro lugar donde vivir”

El miedo no viene de afuera con algún evento o suceso.

El miedo está dentro de nosotros.

¿Se activa? ¿Qué pasa?¿Miedo al dolor, miedo a morir, miedo a perderlo todo?

Ese miedo nace de una preocupación: La ansiedad es un mal de todos los tiempos.

Está tan dentro de nosotros que ya nos acostumbramos a vivir así; pensamos que es así como debemos vivir, con ese sentimiento de resignación ante la incertidumbre, el miedo, la presión, el dolor, en pocas palabras, la ansiedad.

Hoy, un sismo nos mueve a la ansiedad, al stress, a la preocupación, al dolor; pero, a lo largo de la vida nos enfrentamos a eventos fuera de nuestro alcance que producen ansiedad: Una enfermedad, la partida de un ser querido, la pérdida del trabajo o los conflictos en el trabajo, matrimonio, con los hijos, etcétera. Cualquier cosa puede provocarnos ansiedad.

De acuerdo a la Biblia, ¿Qué produce ansiedad?¿Cómo se enfrenta la ansiedad?

La vida diaria y el vivir de acuerdo a los valores de este mundo son la fuente que alimenta la ansiedad.

La ansiedad se enfrenta llenando el corazón de confianza en Dios.

La ansiedad de la vida diaria


Jesús dijo:

“No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de ver; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mateo 6:25

“No tengas ansiedad” “No te preocupes” significa “No te partas en dos” por las cosas de la vida diaria.

La ansiedad nos parte, nos divide. Al estar “partidos” no podemos ver las cosas con claridad y entonces comenzamos a tomar decisiones equivocadas que nos hunden más en la espiral de la ansiedad.

En la consejería, es común, que la gente exprese la ansiedad de esa manera “me siento partido por la mitad”.

Jesús continúa diciendo:

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucha más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hila; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” Mateo 6:26-30

La ansiedad nos parte y nos hace poner la vista en el lugar equivocado: En mí.

Si queremos dejar la ansiedad, comencemos por poner la vista en el lugar correcto: Dios.

Jesús dice que miremos la obra de Dios: “Mira las aves del cielo”; no hacen nada para subsistir pero NUESTRO PADRE las alimenta.

Jesús nos invita a ver la obra de Dios, pero no solo eso, sino a ver a Dios como nuestro Padre.

Jesús dice: “Consideremos los lirios del campo”.

La hierba en la Biblia es una figura de transitoriedad, de algo efímero, de algo que no permanece. Aún así, hay plantas hermosas.

El pasatiempo de mi esposa son las plantas. En una pequeña terraza ha habilitado su “edén”. Todos los días las visita, las ve, riega, poda y hasta les habla. Para ella, es un ejercicio que le hace considerar a Dios, a un Dios bueno y eterno, que tiene cuidado de ella.

Jesús concluye:

“No os afanéis, pues, diciendo:¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” Mateo 6:31-34

¿Qué estoy buscando? ¿Las cosas para subsistir o al Dios que hace que todo subsista?

Dios, nuestro PADRE CELESTIAL conoce nuestras necesidades.

Cuando solo estoy pensando en mí y en mis necesidades, voy a tratar de resolverlas con mi propio esfuerzo.

¿Debo trabajar? Sí, por supuesto.

Debo trabajar con la vista en Dios, no en mí, no en lo que me pasa, no en lo que siento, no en lo que hago.

La ansiedad se enfrenta poniendo la vista en el lugar correcto Dios porque cada día tiene su ansiedad.

Además de la preocupación por el sustento y las cosas de la vida diaria, hay una ansiedad que se suma: el futuro.

¿Tendré suficientes recursos cuando envejezca? ¿Habrá un sismo mañana? ¿De qué me puedo enfermar? ¿Me sacaré la lotería?

O imaginamos situaciones como: “Nada más que haga esto y nos vamos para arriba en el negocio”


La ansiedad que produce vivir de acuerdo al mundo.


Jesús, en la parábola de las semillas y la tierra, conocida como la parábola del sembrador, dice:


“pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Marcos 4.19)

¿Cuáles serían las preocupaciones de este siglo?

No es una lista exhaustiva, pero, hoy, veo que la tecnología, la información, la riqueza, son focos de ansiedad.

Queremos la última generación del teléfono de la manzanita; estamos permanentemente conectados a través de las redes sociales y medios de comunicación (para bien y para mal) tanto que una falsa noticia puede darle la vuelta al mundo, tanto como una verdadera.

Pero, lo mas peligroso es que vivir conforme a los valores de este siglo produce ansiedad.

¿Cuáles son esos valores de esta época?

Permíteme resumirlo de este modo: “Todo se vale”

La idea en nuestra época es todo se vale porque todo es relativo, no hay una verdad absoluta y por lo tanto, la felicidad está en el hoy, en el presente y centrada en el placer personal.

Vivir conforme a esos valores produce ansiedad.

Al citar este texto bíblico, quiero solamente enfocarme en como Jesús reconoce que este siglo, este mundo, en cada época y cultura, tiene afanes propios. Vivir conforme a ellos nos produce ansiedad.

La idea de la felicidad temporal, del vivir solo en el presente y la centralidad o hedonismo del individuo que produce ansiedad.

El evangelio nos ofrece exactamente lo contrario.

En otro pasaje en el evangelio de Lucas, vemos a Jesús visitando la casa de Martha y María. María le recibe sentándose para oírle. Marta le recibe preocupándose con los muchos quehaceres que tenía. Es Marta quien pregunta a Jesús: “¿no te importa que mi hermana se quede “sentadota” mientras yo hago todo el trabajo?”

Jesús le responde:

“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:38-42)

Podríamos pensar, Maria está bien y Marta está mal. O, debo dejar de hacer todo para estar a los pies de Jesús, escuchándole.

Pero, Jesús nos quiere enseñar como enfrentar la ansiedad y la preocupación: Escogiendo la buena parte.

Hay muchas partes, la vida esta desplegada en diferentes manifestaciones: vida personal, vida familiar, vida laboral, etcétera.

Esto es, tenemos muchas actividades, nuestro día está partido.

Pero, la ansiedad se enfrenta escogiendo la mejor parte: Escuchar a Jesús.

No es la única parte, es la mejor parte.

¿Cómo enfrentar la ansiedad?

“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7)

“Echando”, vaciar, sacando la ansiedad.

¿Cómo puedo “vaciar” mi ansiedad?

En la consejería, es la pregunta constante.

“No puedo con este sentimiento”

“Como dejo de sentir esta desolación”

“Como puedo dejar de sentir preocupación”

Esta idea de “echar” o “vaciar” implica qué hay algo dentro de nosotros que debe salir.

Algo en el corazón que ocupa un lugar que no le corresponde.

“Aventar algo”

Aventar la ansiedad.

La ansiedad no se supera, ahoga, ignora, reprende, etcétera.

La ansiedad se saca violentamente de nosotros.

“No puedo”, decimos.

No podemos, porque la ansiedad viene a nosotros para ocupar un lugar que esta vacante, destinado por la fe.

La ansiedad se “echa” cuando escogemos la mejor parte.

Jesús pasó a casa de Marta y María a visitarlos, en un momento especial, único. Algo que no se repetiría. María fue capaz de decidir, escoger la mejor parte. Mientras que Marta, escogió atarearse con lo cotidiano.

Cada cosa tiene su lugar.

Tenemos ansiedad porque estamos partidos, divididos en porciones de tiempo, de actividades, de pensamiento.

Necesitamos escoger una sola cosa: Escuchar a Jesús.

La Biblia registra las palabras de Jesús.

Como ya lo he dicho antes, Dios decidió dejar sus palabras por escrito, en un libro.

Necesitamos leer.

La ansiedad se avienta se sacan de nosotros con la Palabra de Dios.

¿Qué leer en tiempos de angustia?

Los evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Los Salmos.

En los próximos días publicaré unas guías de lectura del libro de Salmos y del evangelio de Juan.

Pero mientras, lee, decide leer.

Los salmos son poemas, canciones a Dios que expresan todos los sentimientos humanos al mismo tiempo que hablan del Mesías, de Jesús.

Si queremos echar fuera la ansiedad, leamos de Jesús.

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