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Isaías 11:1-16


“Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces.”

Dios no abandonó a su pueblo.

Israel fue llevado cautivo por los asirios. Al mismo tiempo, Judá era asediada por ellos. (Años más tarde les sucedería lo mismo, a manos de otra nación)

En medio de todas estas circunstancias provocadas por la rebeldía del pueblo, Dios no dejó de recordarles sus promesas.

Israel tendría un Rey incorruptible, lleno del Espíritu de Dios. La encarnación de la sabiduría, virtud y justicia.

Israel poseería un reino. No se trata solo de la tierra prometida en Canaán, de la que serían desposeídos. Regresarían a la tierra y disfrutarían de un reino eterno con un equilibrio perfecto en todos los aspectos.

Israel cumpliría su misión. Estandarte a las naciones, luz a las naciones, bendiciones a todas las familias de la tierra.

“En aquel día el Señor volverá a extender su mano para recuperar al remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus; en Elam, Sinar y Jamat, y en las regiones más remotas.”

Aquí el resumen:

Un Rey incorruptible.

Un reino eterno.

Una misión a las naciones.

La mano de Dios extendida para salvar.

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