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Génesis 32:22-32


Lo cual significa que en el tiempo previsto por Dios, Abraham tuvo un hijo, Isaac.

Isaac es el hijo de la promesa.

Isaac se casó y tuvo gemelos, Esaú y Jacob.

Jacob, aconsejado por su mamá Rebeca, engaña a Isaac su padre para obtener su bendición antes de morir; ya antes había negociado el derecho de la primogenitura que le correspondía a Esau.

Jacob tuvo que salir huyendo y se fue a refugiar a casa de la familia de su mamá donde se casó con dos mujeres (si, lo engañaron; la noche de bodas su tío Labán le dio a Lea, su hija mayor, en lugar de Raquel, la hija menor y tuvo que trabajar siete años más, para poder casarse con ella)

En este pasaje, Jacob está regresando a casa. Sabe que tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos y tiene miedo.

La noche previa al encuentro con su hermano, se queda solo.

Y como sucedió con Abraham, su abuelo, e Isaac, su padre, Jacob tuvo un encuentro con Dios.

Un encuentro con un misterioso “hombre” con quien tiene una pelea durante toda la noche.

“Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.”

Ese hombre misterioso era Dios.

Y sé que muchas preguntas nos vienen a la cabeza.

Jacob se encontraba peleando con Dios, pero no esa noche, toda su vida había peleado con él.

Jacob había sido un engañador.

Pero Dios se le apareció y le cambió el nombre a Israel.

“Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”

Todos somos engañadores, como Jacob estamos buscando lo nuestro, lo que nos pertenece, “la bendición” y estamos peleando con Dios.

Queremos engañar a los demás, incluso a Dios mismo, para obtener lo que queremos.

Esa pelea concluye cuando reconocemos que necesitamos Su bendición y que no podemos conseguirla a nuestra manera.

Tenemos que confesar nuestro nombre, tenemos que reconocer nuestro naturaleza caída: Somos engañadores.

El trazo de la redención pasa por Jacob, un hombre engañador, que pelea con Dios y que tiene que reconocer su pecado, es decir, confesar su nombre, para que el toque de gracia de Dios venga a su vida y le sea dado un nuevo nombre.

Aquí el resumen:

Noche

Pelea

Confesión

Bendición

Dios de Israel

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