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Génesis 3


Dios no necesita adjetivos; todo lo demás si.

Por eso el texto nos dice que la serpiente “era astuta”.

También el texto nos hace ver que la mujer era curiosa y que el hombre, Adán, no estaba donde tenía que estar.

¿Y dónde estaba Dios?

Dios está siempre, Dios está donde debe estar.

“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”

He aquí la gran pérdida, el daño irreparable para Adán y Eva, para toda la humanidad: Esconderse de la presencia de Dios. Esconderse del Dios que se pasea al aire del día.

Esto es lo que perdimos.

Esto es lo que necesitamos recuperar.

Esto es lo que Dios promete restaurar, regresar las cosas al principio, a Dios y su perfección.

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”

Dios sentencia a la serpiente.

Al mismo tiempo, Dios traza el camino de la redención: La simiente de la mujer.

Las cosas no pudieron conservar su estado general de perfección y bienestar, se pudrieron, caducaron.

Lo más asombroso es que Adán y Eva no murieron instantáneamente.

Ellos había oído de Dios decir que el que comiere del fruto prohibido moriría.

¡Pero eso no sucedió! Quizás en el instante no murieron. Toda una vida les quedaría para experimentar los estragos del pecado en carne propia: un desgaste físico lento, afanes y ansiedades.

“Y Jehová Dios hizo al hombre y así mujer túnicas de pieles, y los vistió”

Dios no los dejó en vergüenza, la cubrió.

Dios los vistió con túnicas de pieles provenientes de animales que debieron ser sacrificados, cuya sangre debió derramarse. El presagio de la ofrenda por el pecado, el anticipo del remedio, de la redención.

Mientras el estado de las cosas caídas vuelve a su perfección natural, mediante la intervención redentora de Dios en la historia – la simiente de la mujer – Dios cubre provisionalmente la desnudez de Adan y Eva y junto con ellos, el estado caído del ser humano.

“Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”

Dios no canceló la entrada al huerto del Edén, al paraíso.

Con esta afirmación, queda claro, que el ser humano habría de volver, habría de transitar por el camino del árbol de la vida; que volvería a disfrutar del mundo perfecto de Dios, del reino de Dios por toda la eternidad.

Aquí mi resumen:

Una serpiente astuta.

Una mujer ingenua.

Un hombre perdido.

Dios salvando…

*Foto tomada en Creation Museum

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