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2 Crónicas 24

Joás comenzó a reinar a los siete años de edad.

Bajo la tutela del sacerdote Joiada, hizo lo que agradaba a Dios. Restauró la casa de Dios y restableció los sacrificios.

Al morir el sacerdote Joaida, las cosas cambiaron. Desampararon la casa de Dios y sirvieron a los ídolos.

“Después de que Joyadá murió … Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus antepasados, y adoraron las imágenes de Aserá y de los ídolos. Debido a este pecado, la ira de Dios cayó sobre Judá y Jerusalén.”

Dios envío profetas para amonestarlos, pero no los escucharon.

Zacarías, hijo del sacerdote Joaida, les dijo:

“«Así dice Dios el Señor: ¿Por qué desobedecen mis mandamientos? De ese modo no prosperarán. Como me han abandonado, yo también los abandonaré».”

Con el consentimiento del rey Joás, Zacarías, hijo del sacerdote Joaida, fue asesinado. Murió apedreado en el patio de la casa de Dios.

Que crueldad, que maldad.

A la vuelta de un año Joás murió asesinado.

“La ropa sucia se lava en casa”, dicen por ahí.

En el desierto, Dios mandó a Moisés construir un tabernáculo, una tienda; representaba el lugar de la presencia de Dios.

El Rey David deseaba construir un templo para Dios. No le fue permitido. Salomón lo hizo.

El centro de la vida del pueblo era ese Templo, la casa de Dios.

Por cierto, Dios les había dicho que Él no habita en edificios hechos por el hombre.

El templo era un testimonio del pacto y de la presencia de Dios en medio del pueblo.

Pero ni Joás ni el pueblo tienen sentido de la presencia de Dios. La casa de Dios es un monumento histórico, no más.

La vida del rey y de todo el pueblo es tibia. Siguen formalidades y rituales. No hay convicción de Dios.

No hay oportunidad de estar a medias.

Necesitamos permanecer en Dios, permanecer en el pacto de Dios.

Una cosa es hacer lo que agrada a Dios y otra ser “agradable” a Dios.

Podemos seguir consejos, indicaciones; vivir bajo ciertos valores o principios. Pero eso no define mi esencia.

Así como Joás y todo el pueblo de Israel, esencialmente somos rebeldes a Dios es decir, no podemos agradar a Dios

La ley, el pacto en Sinaí, había definido lo que el pueblo debía hacer como respuesta a la liberación de Egipto: Honrar a Dios, temerle, servirle.

No podían hacerlo consistentemente. De época en época se volvían a Dios. Dependían de un rey o un profeta o de un sacerdote que los llevara a Dios.

Al morir alguno de estos, el pueblo volvía a la idolatría. Un cuento sin fin.

Joás enfrentó las consecuencias de su corazón dividido.

Aquí el resumen:

Un rey

Un sacerdote

Un templo

Reconstrucción

Conspiración

Crimen

¡Que el Señor vea esto!

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